Sequías y aridez · Última actualización: 2026-11-02

Sequía estival: patrón típico y matices: cómo verlo en mapas

Para reconocer la sequía estival en mapas conviene abrir varias ventanas. Una muestra la lluvia, otra el agua del suelo y otra las reservas que atienden nuestras necesidades. Un color intenso puede ser una señal útil, pero solo se entiende leyendo qué representa. El objetivo es distinguir el verano normalmente seco de una situación anormal y relacionarla con impactos comprobables.

Antes del color: cinco preguntas

Lee el nombre de la variable, la fecha de los datos, el periodo que resume, la leyenda y el territorio cubierto. La fecha de publicación puede ser posterior al último día observado. Un mapa mensual no permite saber qué ocurrió ayer; una imagen del suelo tampoco describe necesariamente toda la profundidad que usan las raíces.

Guarda también la fuente y la versión. Dos mapas con colores parecidos pueden usar unidades distintas. Uno puede representar milímetros y otro una anomalía respecto a su propia historia. Ampliar la pantalla facilita localizar un pueblo, pero no crea observaciones nuevas entre los puntos originales.

Primera ventana: lluvia y anomalía

Un mapa de precipitación acumulada indica cuánto ha llovido durante un intervalo. Para saber si es poco o mucho para ese lugar y época necesitas una referencia climática. En un verano mediterráneo, una cantidad pequeña puede ser habitual; el mismo total puede resultar excepcionalmente bajo en otro clima.

El SPI compara la precipitación con su distribución histórica para una escala temporal determinada. Los valores negativos describen condiciones relativamente secas. No indican un porcentaje de agua que falta en un embalse. Compara escalas cortas y largas: una mejora reciente puede convivir con un déficit anterior persistente.

Segunda ventana: humedad del suelo

Los mapas de humedad del suelo ayudan a reconocer dónde falta agua para la vegetación, dentro de las condiciones del producto. Comprueba si muestran agua disponible, contenido de agua o anomalía. Son formas diferentes de expresar información y sus porcentajes no se pueden intercambiar.

AEMET distingue una capa superficial y una capa total en su balance hídrico. En la ayuda consultada, el porcentaje superficial se refiere a una capacidad disponible de 25 mm. Ese porcentaje no es el contenido volumétrico de agua del terreno ni el porcentaje de llenado de un acuífero. Una parcela necesita además observación local.

Tercera ventana: qué aporta el PDSI

El PDSI es un índice de sequedad relativa que utiliza un balance de agua y conserva memoria de condiciones anteriores. Puede ayudar a contextualizar una situación persistente. Sus números no son milímetros ni litros. Tampoco equivalen a la lectura directa de una sonda enterrada.

Lee si el producto ofrece PDSI original o una variante autocalibrada, llamada scPDSI. Cambian aspectos de la calibración. No compares sin más valores procedentes de algoritmos y referencias diferentes, ni uses un mapa persistente para decidir el riego de mañana sin información adicional del cultivo y del suelo.

Cuarta ventana: el indicador combinado

El CDI de Copernicus relaciona precipitación, humedad del suelo y condición de la vegetación. Sus clases ayudan a seguir señales de déficit y recuperación. La documentación consultada corresponde a la versión 4.1.1; conviene comprobar siempre qué versión tiene el mapa abierto.

Sus clases son categorías, no porcentajes de cosecha perdida. Las nubes, la nieve y el calendario de crecimiento condicionan la interpretación. Un cultivo cosechado o fuera de su estación no se interpreta igual que uno creciendo. Los datos ausentes tampoco significan ausencia de sequía.

Quinta ventana: reservas y recarga

Para valorar suministro y riego añade información de caudales, embalses, aguas subterráneas y gestión. MITECO presenta por separado mapas de sequía prolongada y de escasez. La segunda se relaciona con la atención de las demandas: no tiene por qué evolucionar al mismo ritmo que la lluvia.

La recarga es el agua que llega al sistema subterráneo saturado. Parte de una lluvia puede quedar en el suelo, evaporarse o salir como escorrentía. Un mapa superficial que mejora tras una tormenta no demuestra que los acuíferos se hayan recuperado. Para afirmarlo hacen falta datos y evaluación adecuados.

Desertificación: otra pregunta y otra duración

La desertificación se refiere a degradación de tierras en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas por diversos factores, incluidos clima y actividades humanas. Un verano seco o una anomalía mensual no bastan para diagnosticarla. Se necesita estudiar cambios persistentes del suelo, la vegetación y su capacidad productiva.

Impactos sectoriales y decisiones prácticas

En agricultura de secano, combina humedad del suelo con fase del cultivo y síntomas reales. En regadío, incorpora disponibilidad autorizada y necesidades agronómicas; el mapa regional no ordena una dosis. En ganadería, comprueba pastos y puntos de agua. En abastecimiento, consulta al gestor y las disposiciones oficiales vigentes.

Para ecosistemas fluviales observa caudal, temperatura y continuidad del agua cuando existan datos. Un mapa de sequía tampoco sustituye un aviso de peligro de incendios, que depende de otras variables. La decisión útil señala qué comprobar, quién puede actuar y cuándo revisar la situación.

Ocho ejemplos resueltos

Son situaciones didácticas, no lecturas de mapas actuales ni recomendaciones operativas automáticas.

  1. Lluvia:15 mm frente a una referencia de 30 representan la mitad; sin referencia no sabías si eran pocos.
  2. Escalas:SPI mensual positivo y anual negativo permiten una mejora reciente con déficit acumulado; no se anulan.
  3. Suelo:40% de 25 mm son 10 mm disponibles en ese esquema superficial, no 40% de agua por volumen.
  4. PDSI:un valor−3 señala sequedad según su leyenda; no significa que falten 3 mm.
  5. CDI:pasar a recuperación invita a revisar sus componentes; no demuestra que todos los pozos estén recuperados.
  6. Resolución:una celda regional que incluye varias fincas no mide cada una por separado, aunque amplíes el mapa.
  7. Recarga:20 mm de lluvia no equivalen a 20 mm añadidos al acuífero; desconoces el reparto y los retardos.
  8. Decisión:un embalse lleno al 60% requiere conocer capacidad y reglas; no prueba 60% de suministro asegurado.

Errores comunes

Confundir rojo con un diagnóstico universal, comparar fechas distintas como simultáneas, interpretar un blanco como normalidad o contar píxeles sin atender a su área puede cambiar la conclusión. También falla declarar el fin de la sequía por una tormenta aislada o atribuir desertificación a una sola imagen.

Mini checklist antes de compartir

  • Identificar fuente, variable y unidades.
  • Leer fecha observada y periodo resumido.
  • Comprobar referencia, profundidad y resolución.
  • Contrastar lluvia, suelo, vegetación y reservas.
  • Distinguir impacto observado de posibilidad.
  • Consultar decisiones oficiales y fijar revisión.

Una explicación responsable conserva esas diferencias incluso cuando los colores parecen contar una historia sencilla. Así puedes mostrar qué sabes, qué falta medir y qué acción está realmente justificada.

Fuentes y lecturas recomendadas

J+A♾️ · Artículo revisado y ampliado en WikiMeteo.es