Para valorar una sequía invernal hay que elegir el indicador según la pregunta. SPI, SPEI y PDSI ayudan a describir déficits desde perspectivas distintas, pero ninguno mide por sí solo toda el agua disponible. Esta guía explica qué aporta cada uno, cómo interviene la evapotranspiración y por qué recarga y desertificación necesitan información diferente.
Decide qué quieres conocer
Empieza por distinguir falta de precipitación, humedad insuficiente para plantas y problemas en ríos, acuíferos o suministro. Pueden aparecer juntos, pero sus tiempos y consecuencias no son idénticos. Un índice meteorológico puede mejorar mientras persiste un problema de reserva o de acceso al agua.
Anota lugar, fechas y periodo de referencia antes de comparar colores o números. En el hemisferio norte, el invierno meteorológico reúne diciembre, enero y febrero y cruza dos años. Una cifra mensual no representa automáticamente todo el invierno ni sus antecedentes.
SPI: precipitación en una escala concreta
El SPI compara la precipitación acumulada con una distribución histórica transformada. Su escala temporal indica cuántos meses se reúnen. Una escala corta ayuda a seguir déficits recientes; otra larga conserva antecedentes que pueden importar para determinados recursos. No existe una escala única válida para todos los sectores.
Lee siempre fecha final y referencia. Un SPI negativo no significa ese porcentaje de lluvia perdido ni de capacidad restante. Tampoco se obtiene en general con una simple resta de milímetros dividida por la desviación de la lluvia original. AEMET documenta el significado de la transformación.
SPEI: añade demanda evaporativa
El SPEI parte de la diferencia entre precipitación y una estimación de demanda atmosférica, acumulada y estandarizada. Por eso puede aportar información que no aparece en un indicador basado solo en lluvia. Esa resta previa se expresa en agua equivalente, pero todavía no es el valor final del índice.
Comprueba cómo se estimó la evapotranspiración. Dos productos con métodos o referencias distintos pueden discrepar. Que el SPEI señale condiciones secas no demuestra directamente cuánto ha perdido una parcela o un acuífero. El índice describe una comparación climática, no todos los flujos reales.
PDSI: balance simplificado y memoria
El PDSI utiliza un modelo conceptual de balance de agua y conserva condiciones anteriores. Es útil para estudiar persistencia, pero su respuesta no equivale a elegir libremente cualquier acumulación de meses. Revisa versión, supuestos del suelo y método de demanda; no mezcles variantes como si fueran idénticas.
En invierno importan especialmente sus límites para representar nieve, deshielo y suelo helado. NCAR advierte de estas simplificaciones. Una lluvia o nevada reciente no necesariamente termina una señal persistente, y un PDSI más húmedo no certifica recuperación del abastecimiento.
Evapotranspiración: referencia y pérdida real
La evapotranspiración combina evaporación y transpiración. FAO distingue una superficie de referencia bien abastecida de las condiciones reales de suelo y vegetación. La demanda atmosférica no es necesariamente el agua realmente perdida cuando falta humedad. Tampoco potencial y referencia deben confundirse sin leer cómo las define cada producto.
Una tasa en milímetros diarios y un total mensual tienen unidades temporales diferentes. No uses una demanda estimada como dosis automática de riego. Para un cultivo hacen falta fase de desarrollo, suelo, lluvia efectiva, disponibilidad y manejo, además de condiciones meteorológicas.
Recarga: mira más allá de la superficie
La recarga del acuífero no es toda la lluvia ni toda el agua que entra en la primera capa del suelo. La zona no saturada interviene en su desplazamiento y en sus tiempos. USGS explica por qué estos procesos importan para cantidad y calidad del agua subterránea.
El agua puede reponer humedad, volver a la atmósfera o salir por otros caminos. Una mejora de SPI o un balance climático positivo no permite asignar automáticamente un volumen de recarga. Para estimarlo hay que definir el sistema y contrastar observaciones y modelos apropiados.
Desertificación no es un invierno seco
La desertificación se refiere a degradación de tierras en determinados ambientes secos, con factores climáticos y humanos. Una sequía es un déficit respecto de condiciones habituales; la aridez describe características del clima. No diagnostiques degradación persistente por un único valor negativo de PDSI.
Una relación climática entre precipitación y demanda puede ayudar a caracterizar aridez, pero no demuestra por sí sola desertificación. Para esta última hacen falta evidencias sobre estado de la tierra y sus procesos. Las definiciones de UNCCD ayudan a evitar que palabras relacionadas se utilicen como sinónimos.
Impactos sectoriales y decisiones prácticas
En agricultura y ganadería, relaciona el indicador con humedad radicular, cultivo, pastos y fase de desarrollo. En suministro, añade reservas, calidad, demanda y configuración de la red. En energía y ecosistemas, observa variables de caudal, funcionamiento y hábitat pertinentes, sin traducir un índice en daño automático.
Elige una señal de seguimiento y registra qué observación cambiaría la decisión. Una combinación de indicadores puede revelar componentes distintos, pero sumar sus números no crea litros disponibles. Las medidas deben corresponder al plan y responsable competentes y revisarse cuando cambien los datos; el artículo no fija restricciones vigentes.
Cinco aplicaciones documentadas
SPI de AEMET
Su interpretación exige conservar acumulación y referencia.
PDSI en NCAR
La guía explica memoria y límites de representación invernal.
SPEI en NCAR
La demanda estimada añade información y también sensibilidad al método.
Evapotranspiración en FAO
Distingue referencia y condiciones reales de vegetación.
Recarga en USGS
La zona no saturada impide igualar lluvia e incorporación instantánea al acuífero. Son aplicaciones de documentación, no cinco episodios históricos.
Ocho ejemplos resueltos
Las cifras son inventadas para aprender, sin diagnóstico actual ni umbrales de gestión.
- Acumulado: 30, 20 y 10 mm suman 60 mm en tres meses. Con ese total solo no conocemos el SPI.
- Balance climático: 30 mm de lluvia y 50 mm de demanda dan −20 mm. Esa diferencia no significa SPEI=−20.
- Escala: diferencias mensuales de 20, 0 y −30 mm suman −10 mm. La distribución de referencia sigue siendo necesaria para estandarizar.
- Unidades: 2 mm/día de evapotranspiración de referencia durante 30 días equivalen a 60 mm o 600 m 3 por hectárea, sin prescribir un riego.
- Balance ideal: con entrada 100, evapotranspiración real 30, escorrentía 20 y aumento del agua del suelo 40 mm, quedan 10 mm de drenaje si no hay otros flujos. No garantizan recarga inmediata.
- PDSI: pasar de −3 a −1 es un aumento de 2 unidades del índice. No son 2 mm ni un porcentaje de recuperación del suministro.
- Superficie: 40 km 2 secos entre 80 km 2 con datos representan 50 % de lo observado. Si el territorio tiene 100 km 2, la cobertura es 80 %.
- Aridez: medias anuales compatibles de precipitación 300 y demanda potencial 600 mm dan relación 0,5. No diagnostican por sí solas degradación del terreno.
Checklist, errores y glosario
- Definir componente y sector que interesa.
- Conservar fechas, escala y referencia.
- Revisar versión y demanda utilizada.
- Contrastar nieve, suelo y recarga.
- Separar índice, impacto y desertificación.
- Registrar decisión, responsable y revisión.
Glosario: demanda evaporativa expresa capacidad atmosférica de extraer agua bajo supuestos definidos; recarga incorpora agua al sistema subterráneo saturado; aridez es un rasgo climático; desertificación implica degradación en tierras secas. Evita escoger el índice más alarmante sin contexto, convertir huecos en ceros y anunciar recuperación completa por una mejora parcial.
Fuentes y lecturas recomendadas
- AEMET: interpretación y escalas del SPI
- NCAR: PDSI, balance conceptual, memoria y límites invernales
- NCAR: SPEI y sensibilidad a la demanda evaporativa
- FAO 56: evapotranspiración de referencia, real y unidades
- USGS: zona no saturada y control de la recarga
- UNCCD: diferencias entre sequía, aridez y desertificación
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